El gallo pinto, especie protegida

FUENTE: NACION.COM

26 /MARZO / 2009

El Gobierno renuncia a una posible transformación del statu quo de la producción de frijoles

La pregunta para Costa Rica es si la solución está en perpetuar esquemas productivos ineficientes

La producción costarricense no abastece el mercado interno de frijoles. Cuando mucho, aporta el 37 por ciento del consumo local. En eso no habría motivo de alarma, pero sí en los bajos niveles de productividad y el alto costo del grano en el mercado nacional.

En Estados Unidos, los frijolares rinden cuatro toneladas por hectárea. En Costa Rica, la cifra no pasa de 0,6 toneladas. El grano nicaragüense, luego de pagar el flete, cuesta ¢22.000 por quintal (46 kilos), pero la producción local no se sostiene con precios inferiores a ¢34.000. La diferencia la pagan los consumidores de un producto absolutamente básico en la dieta nacional.

El gobierno decidió aceptar el estado de situación y envió al Congreso un proyecto de ley destinado a consolidarla. Los comercializadores del grano tendrán derecho a importar cantidades proporcionales a las compras que hagan del producto nacional. La diferencia de precio la trasladarán al consumidor, con grave efecto sobre las exiguas finanzas de los costarricenses más necesitados. Son ellos los principales compradores del grano porque, más allá del consumo impuesto por la tradición culinaria costarricense, lo utilizan a falta de recursos para adquirir alimentos más caros.

Para completar el cuadro, el Consejo Nacional de Producción adquiere el grano costarricense para satisfacer las necesidades del Programa de Abastecimiento Institucional, que vende alimentos a las entidades públicas para uso en hospitales, comisarías, cárceles y comedores escolares, entre otros. Las ventas se hacen a precio de mercado y la diferencia corre por cuenta del erario, concretamente, por cuenta del presupuesto de las instituciones involucradas.

Las similitudes con el trato otorgado a la producción arrocera son obvias, con el agravante, en este último caso, de que los principales beneficiados son grandes empresas y no pequeños productores, como los dedicados a sembrar frijoles. En resumen, el gallo pinto es una especie protegida, como si estuviera en peligro de extinción.

El gobierno hace bien en mostrar sensibilidad frente a los problemas económicos y sociales de los productores de frijoles, casi todos localizados en zonas deprimidas del país. La pregunta es si la solución está en perpetuar esquemas productivos ineficientes a costa del erario y del consumidor, sobre todo el más necesitado.

El proyecto de ley planteado al Congreso, lejos de explorar soluciones creativas para favorecer al consumidor sin dejar de lado las necesidades de los agricultores, renuncia a una posible transformación del statu quo , con grave incoherencia frente al discurso aperturista de la actual administración.

La visión gubernamental, en este caso como en otros, se nubla por los resabios del proteccionismo. Quizá la nuble también algún complejo de culpa derivado de un Plan Nacional de Alimentos que, en este caso, estimula al productor a sembrar sin preocupación por la eficiencia, partiendo de la doctrina del imposible y antieconómico autoabastecimiento alimentario. Estos impulsos proteccionistas representan un peligro para la inserción del país en la economía mundial, objetivo defendido con acierto por la actual administración.

~ by politicaesaccion on March 26, 2009.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

 
%d bloggers like this: