Los entretelones de JyS

FUENTE: LA CRÓNICA DE HOY

27 / ABRIL / 2009

Leopoldo Mendívil | Opinión

LIC. GERÓNIMO GUTIÉRREZ,

SUBSECRETARIO DE GOBIERNO:

+ Audacia es el juego…

No hace mucho tiempo que en la feria anual de Texcoco un personaje nada parecido a Slim u otros de esas polendas, fue visto apostando seis millones de pesos, contantes y sonantes, así, en fajos, a la victoria de… un gallo.

Me reservo la identidad del gallo triunfador, como también la del apostador, quien, por lo demás, tuvo un contrincante que obviamente le siguió el paso en la magnitud de la apuesta, cosa de la que los pobres gallos en contienda no tuvieron la menor idea. Usted bien sabe que una pelea de gallos no dura lo que un encuentro de futbol. La vida y la muerte pronto toman partido cuando el ambiente del palenque está en plenitud y el dinero corre como el Usumacinta en época de huracanes…

¡Qué de dinero se juega en un palenque bien protegido!, dejando poca huella a seguir por algún inspector de Hacienda… Usted sabe cuánto gana un palenque en cualquier feria regional.

Pero hay otros sitios mucho más silenciosos, mucho menos concurridos, mucho mejor resguardados, donde la penumbra atestigua intercambios de sumas mucho mayores en lapsos mucho más cortos: apenas el tiempo que dura una partida de póquer, de black jack y de otros por el estilo. Me refiero a los brincos, esos tugurios de mala muerte, de medio pelo y de alta alcurnia cuyos domicilios pocos identifican y mucho menos los latosos de Hacienda, porque ahí la jugada es mucho más voluminosa y, por tanto, el fraude fiscal verdaderamente grueso…

El diputado federal Diódoro Carrasco, presidente de la comisión de Gobernación en la agónica LX Legislatura, me dijo que él había demandado la revisión a fondo del rubro de juegos de mesa dentro de la iniciativa de Ley Federal de Juegos con Apuestas y Sorteos, “porque no es poca cosa lo que va en eso; podría ser la puerta de entrada a los casinos en México, que no están permitidos”, pero el diputado Armando García Méndez, responsable directo de la iniciativa que ya no pasará en este periodo de sesiones, corrigió la versión de su colega cuando me dijo que, en realidad, Carrasco, como presidente de la Comisión de Gobierno, le había condicionado la aprobación del dictamen a la eliminación del capítulo de juegos de mesa. “Es su palabra contra la mía”, contestó el ex secretario de Gobernación.

Efectivamente, los casinos no están permitidos en México, pero tampoco los brincos y, sin embargo, ahí están, ilegalmente regados a lo largo y ancho del país; y los mejores, los de alta alcurnia, regenteados por varios de los mismos que dominan el negocio, legal e ilegal del juego. El hecho de no considerar su existencia eliminando el capítulo de juegos de mesa de la iniciativa, lo que implica es simple y llanamente aceptar su operación, obviamente ilegal, en beneficio de quienes se han superhartado de dinero evadiendo toda obligación fiscal y propiciando las ludopatías y demás consecuencias negativas para la sociedad en su conjunto, como los matrimonios del juego ilegal con las demás manifestaciones del crimen organizado.

Es respetable la posición del diputado Carrasco, quien como titular de Gobernación en los últimos tiempos del presidente Zedillo tuvo a su cargo los asuntos de juegos y sorteos; conoce, pues, al menos hasta el año 2000, los entretelones de esa actividad y —al menos también hasta aquel año— a sus actores, conductores y beneficiarios. Cierto, un decreto presidencial de Lázaro Cárdenas emitido en el lejanísimo 1938, prohibió los casinos en México, más para vengarse —lo he repetido muchas veces— de algún entuerto de su antecesor Abelardo L. Rodríguez que a un análisis pormenorizado del juego y sus consecuencias, cuando es legal o ilegal, cuando es adecuadamente sometido a una ley bien hecha o cuando es contagiado no sólo por el crimen organizado, sino también por los rencores políticos. Menos antigua es la Ley de Juegos y Sorteos en vigor, que data de 1947, y ya es totalmente inservible; por ello defienden su supervivencia los Pérez Lisaur y demás protectores —en los poderes legislativos y en los ejecutivos federal y locales— de los grandes potentados del juego en México.

Para este caso las preguntas clave quizá sean:

¿Le conviene a México ese otro tótem, por ser cardenista, de los casinos cuando son ya, en todo el mundo, motivo de legislaciones enérgicas, precisas que han hecho de ellos fuentes importantes de apoyo para diversas políticas sociales en los países donde operan? ¿Vale ese tótem como principio ético y jurídico intemporal de Estado, o como valor en pesos y centavos de una élite selecta y hasta anticardenista..?

lmendivil@delfos.com.mx, m760531@hotmail.com.mx

~ by politicaesaccion on April 27, 2009.

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