La política es un espectáculo

FUENTE: ELCORREOGALLEGO.ES

17 / MAYO / 2009

POR JOSÉ RAMÓN ÓNEGA

Después de haber visto en la tele el Debate de la Nación, pocas dudas quedan para saber lo que es la política. Lo hemos dicho más de una vez, pero ahora lo confirmamos. La política es un espectáculo. Luis XIV, el Rey Sol, consideraba que el poder, como él lo ejercía en el suntuoso Versalles, era una forma de publicidad. No ha cambiado esta apreciación desde el advenimiento de las democracias. La política, o la forma de practicarla, tiene acentos de circo, o teatro, o movida. Quién haya escuchado a los padres de la patria en el hemiciclo podría sentir las mismas emociones que el aficionado en una corrida de toros o en un partido de fútbol. No lo digo para ofender. Lo digo por comparar. En el debate, la oposición trata de acorralar al Gobierno y el Gobierno de reducir a escombros los argumentos de la oposición. Hay ejemplos por ahí fuera que llegan a las manos aunque aquí todavía no se vean los sopapos físicos. Lo que asombra es la distancia entre los argumentos y las realidades. Decirle a un parado que todo va bien es un escarnio, pero decirle que todo va mal le desencanta.

No sé cómo decirlo. En la Cámara lo que se vio fue un presidente enrollado ofreciendo subvenciones, regalos y chuches, y un Rajoy, armado hasta los dientes, probando que los cuatro millones de parados son el estado de la Nación. Por eso ZP, alerta, nombra a José Manuel Campa, segundo en Economía, liberal y reformista.

Convendría saber lo que opinaban los ciudadanos mientras hablaban los próceres. Se hacen encuestas para conocer las veces que uno hace pipí, y bien podría hacerse un sondeo serio sobre el estado de opinión al finalizar el debate. Pero me temo que la pelea de gallos sólo fue vista por los adictos o los jubilados. El curre estaría en lo suyo y el ama de casa pensando en combinar las acelgas con algo sustancioso para la cena.

Lo que se vio fueron las abultadas ojeras de Zapatero y el repertorio de sus ofertas. En Rajoy, el rostro iluminado del que se sabe en poder de la verdad y, como en los pleitos, tiene razón, sabe exponerla y confía en que se la den. Rajoy cumplió las dos primeras exigencias, aunque no se sabe si la tercera, semilla evangélica, caerá en tierra fértil. Este país se deja llevar por los gestos de los actores y menos por la verdad. Zapatero cautiva al pueblo y lo hace suyo. Rajoy es el mesías que anuncia el futuro pero está en la oposición.

Geertz escribe que el simbolismo mágico del poder no es cosa del pasado porque un mundo desmitificado sería un mundo totalmente despolitizado. El poder es por esencia una entidad sagrada. En el tiempo de los sasánidas el Rey se sentaba en el trono con el rostro oculto por un velo, porque en la India, según las leyes de Manú, nadie podía mirar al Rey.

Marina cree que ese secreto no es más que otro tipo de espectáculo. Zapatero descubrió el poder mágico de su discurso y la influencia sensual que ejerce en las masas. Es un encantador de serpientes. Para Alfonso Guerra, también lo era Adolfo Suárez al que atribuía vicios de tahúr del Misissippi y el conejo en la chistera.

Lo que falla en Zapatero ahora es la credibilidad después de cinco años de promesas. Las masas le quieren pero comienzan a desconfiar. Además, Leire Pajín no es José Blanco y se nota. Blanco era cáustico y mordaz, Leire es plana y se le ve venir. ZP, mago de sí mismo, está agotando su crédito.

Pasó, o está pasando, la etapa del enamoramiento instintivo de la calle para dar paso a la reflexión serena. Pero a ZP le quedan aún las bases del partido, los fieles que peregrinan al santuario sea cual sea el tiempo que haga. En este país, la tormenta no asusta. Asusta la pérdida del poder, el frío solitario del camino.

Pero erraría el PP si creyese que ZP dejará el poder sin dar algunas batallas definitivas. Está claro que su objetivo es esperar el remonte de la crisis que llegará más tarde o más temprano. Confía en los socios autonómicos, ahora fríos, que se calentarán tan pronto les adjudique pasta y desarrollo de infraestructuras. Para eso ha enviado a Blanco a Fomento y Chaves a la vicepresidencia. A ZP le respaldan esos seis millones de votos que no cambian de casa aunque se hunda el mundo.

Esto no es Reino Unido, ni Alemania, ni siquiera Francia donde no se votan fidelidades históricas o sociológicas sino resultados de gestión. Con esto y algún éxito con los etarras en Euskadi, afirmará otro mandato. Este pueblo perdona antes los excesos y errores que un calentón de razones. Decía Popper que “lo importante no es elegir al gran gobernante, sino impedir que quien gobierne cause demasiado daño”. Las bases del PSOE saben que si llega el PP la luz de los faroles no iluminará su mañana.

ZP, inagotable en su capacidad de sacar conejos de la chistera, no se perdió en elucubraciones ideológicas ni doctrinarias. Se situó en el terreno de la economía productiva, y hasta usó soluciones del PP. Puso sobre la mesa remedios caseros que agradan al personal. El ordenador para los chicos de 5º de Primaria se visualiza mejor que todos los planes económicos. Lo mismo la píldora poscoital sin receta ni controles. La basca ombliguera y senos en agraz prepara el voto, aunque no ejerza el derecho. Funciona el mensaje libre de ZP porque contiene una mareante obscenidad, una empatía con lo más peligroso y prohibido.

ZP es un político que ha actualizado una vieja forma de marear. Sus cerebros trabajan en la sombra para descubrir renovados tesoros de engatusamiento popular. Si la religión es el opio del pueblo que decía Marx, la política en las manos de ZP es la pila del anuncio que dura y dura.

Un disgusto serio para el PP es la imputación de Francisco Camps. El juez le preguntará si pagó los cuatro trajes. Parece un chiste pero aquí hay también teatro, circo y publicidad. Imputable no es culpable, pero la mujer del César tiene que parecerlo. En espacios del PP se cree que será una nube de verano, pero a las puertas electorales es jodienda y duda.

Dejando la política, el día 23 las asociaciones y colectividades gallegas en Madrid rendirán homenaje al cardenal Rouco Varela con motivo del 50 aniversario de su ordenación sacerdotal. Rouco es un referente especial para los madrigallegos. Nos miramos en él como en un espejo.

La batalla que libra con el poder – laicismo exacerbado, aborto, financiación- tiene tintes heroicos. Su humildad y su alta preparación intelectual adornan su imagen de príncipe de la Iglesia universal. La colonia gallega, sexta provincia, se volcará en el evento.

~ by politicaesaccion on May 17, 2009.

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