Cambalache: Toros no, gallos sí

FUENTE: LO QUE PASA EN TENERIFE

  • Por Ginés de Haro – Santa Cruz, 30 Julio, 2010, 13:58

Están dando saltos de alegría por esos medios los antitaurinos canarios, lo que viene a ser la casi totalidad de los columnistas, blogueros y público en general. Más que por la prohibición en Cataluña de lo que consideran una fiesta bárbara y morbosa, se resalta con orgullo que “nosotros, más civilizados que nadie, fuimos los primeros en prohibirlos”.

Sin embargo, tan ocupados como están celebrando el éxito de la iniciativa popular en Cataluña, nada se sabe y nada se escribe sobre nuestras peleas de gallos, espectáculo que deben considerar muy edificante (y que, por cierto, a la mayoría de aficionados a los toros les parece aberrante). La opinión pública canaria, tan civilizadamente antitaurina, no dice ni pío sobre nuestra tradición gallística: ni recogida de firmas, ni plataformas, ni editoriales, ni artículos de opinión que denuncien el espectáculo. A ver si lo que pasa es que el gallo de pelea, pobrecito mío, tiene menos “derechos animales” que el toro de lidia.

Lo cierto es que en medio de esta euforia se suele omitir que cuando se prohibieron los toros en Canarias, habían transcurrido ocho años sin celebrar espectáculos taurinos y la plaza languidecía por falta de afición desde mucho tiempo atrás… Era, por tanto, facilísimo, además de inútil e innecesario, prohibir lo que, de facto, no existía (como no es necesario prohibir en las islas la caza del zorro o la lucha de sumo japonesa) salvo que con ello se pretendiera colgarse la medallita animalista y lograr un puñado de votos.

Sin embargo, esa tremenda sensibilidad de sus señorías con los cornúpetas no se trasladó a los gallos, a los que la compasión tan sólo les alcanzó para dejarles sin subvenciones y evitar la entrada de menores de 16 años a las galleras. Simple cosmética. Puede que en este doble rasero algo tenga que ver que en las islas hay cierta afición (y tradición) a las peleas de gallos, y, con aficionados y por tanto con votantes de por medio, no hay partido que se moje. Así que, estimados antitaurinos, sería bueno poner en su justa medida el mérito de una medida más populista que valiente, porque no es propio de valientes eludir la pelea con un gallo quíquere de aquí y ponerse farruco con el toro que está a dos mil kilómetros.

El caso es que los antitaurinos saltan y gritan (y algunos lloran de alegría como cuando ganó España) celebrando una nueva prohibición (pocas veces la izquierda libertaria habrá celebrado tanto una prohibición). Ni se les habrá pasado por la cabeza pensar que lo que ellos celebran como un triunfo de la civilización, la mayoría en Cataluña, y la prensa extranjera en pleno, lo interpreta en clave puramente política: más como un paso para el independentismo catalán que como un avance cívico. Con los toros como instrumento político de diferenciación frente a España, se podría pensar que las leyes prohibicionistas tendrán ahora más dificultades para prosperar en aquellas regiones con tradición taurina y sin anhelos separatistas, más aún cuando el hasta ahora adormilado colectivo taurino se ponga firme.

Con tanto jaleo, el aficionado canario bastante tiene con esperar a que pase el temporal releyendo a don Joaquín Vidal, y revisando en la clandestinidad, ahora compartida por los aficionados catalanes, las faenas de Morante o José Tomás (las portadas se reservan para las cogidas escalofriantes, lo que deja la duda de quiénes son los morbosos).

Es inútil intentar explicar que en el ruedo hay algo más que tortura y sadismo a quien no conoce ni el arte ni el simbolismo que encierra el toreo. Tan inútil como discutir de fútbol con los que sólo ven a “veintidós señores en pantalón corto corriendo detrás de una pelota”, tan estéril como hablar de arte abstracto con los que dicen que “un cuadro de Miró es una bazofia que podría pintar mi hijo”. Una pérdida de tiempo discutir con quien ni sabe, ni entiende, ni le interesa el toreo. Con los que ignoran todo sobre lo que sucede en la plaza pero creen estar en posesión de la verdad absoluta en asuntos de ética.

Y por favor, que alguien se acuerde de los pobres gallos.

~ by politicaesaccion on July 30, 2010.

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